A ti, que sostienes: una carta para el Día de la Madre
Hoy se celebra el Día de la Madre. Y mientras llegan las felicitaciones por WhatsApp, los ramos de flores y las mesas grandes con paella, quería pararme un momento contigo. Porque "madre" es una palabra demasiado pequeña para todo lo que abarca.
Madre no es solo quien da a luz
Lo digo con cariño y con conciencia: ser madre no es un estado biológico. Es una forma de estar en el mundo.
Es la abuela que crió a sus nietos cuando los hijos no podían. Es la tía soltera que escuchó tus crisis adolescentes mejor que nadie. Es la madrastra que llegó a una familia rota y la cosió con paciencia. Es la madre adoptiva que esperó años para recibir a su hija. Es la mujer que perdió un embarazo y aun así sigue queriendo y cuidando.
Y también es la madre cansada, la madre imperfecta, la madre que se equivoca, la madre que llora en el baño cuando nadie mira. La madre que trabaja todo el día y vuelve a casa para empezar el segundo turno. La madre que se ha quedado sola. La madre que cría sin pareja. La madre que cría con una pareja ausente.
Si te has sentido reflejada en alguna de estas, este post es para ti.
El esfuerzo invisible
Lo que las madres hacen no se mide. Y precisamente porque no se mide, se da por hecho.
Recordar la talla de zapatos de cada uno. Llevar siempre encima un pañuelo, un caramelo, una tirita. Ajustar las cenas a tres dietas distintas. Despertarse a las tres de la madrugada porque alguien tose. Acordarse de las fechas, los cumpleaños, los aniversarios, los "sí, mañana hay reunión en el cole". Sentir antes que nadie cuando un hijo no está bien aunque diga que sí. Cargar con todo lo emocional de la familia. Y aún así, sonreír.
Eso no aparece en ningún CV. Y vale más que muchos.
El descanso también es maternidad
Aquí entra algo que veo todos los días acompañando a mujeres en su bienestar: las madres son las primeras en posponerse. "Cuando termine este verano". "Cuando los niños sean más mayores". "Cuando tenga un rato".
Ese rato no llega solo. Hay que reservarlo. Y los cinco minutos que te tomas para ti — un baño caliente con sales, unas gotas de lavanda en la almohada antes de dormir, una respiración profunda con un aceite que te conecta — no son egoísmo. Son la base sobre la que sostienes a los demás.
Si quieres regalarte algo este Día de la Madre, regálate espacio. Cinco minutos que sean solo tuyos. Sin móvil, sin lavadora, sin nadie llamándote "mamá".
El aceite que te regalo hoy: Rosa
De entre todos los aceites esenciales, hay uno que durante siglos se ha llamado "la reina de los aceites": la Rosa damascena. Y no es casualidad.
Para destilar 1 ml de aceite de rosa hacen falta entre 30 y 50 rosas. Para una botellita de 5 ml estamos hablando de cientos. Es un aceite hecho a mano, paciente, casi artesanal. Como una madre.
Sus propiedades aromáticas más conocidas:
- Apoyo emocional: tradicionalmente se asocia con abrir el corazón, suavizar duelos y conectar con el amor propio. La gente lo describe como un "abrazo" cuando lo respiran.
- Equilibrio femenino: muchas mujeres lo eligen en momentos de cambio (postparto, menopausia, transiciones vitales) porque les ayuda a reconectar con su feminidad sin estridencias.
- Cuidado de la piel: muy suave, durante siglos se ha usado en rituales de belleza diluido en aceite portador. Reconforta la piel madura y la sensible.
- Aroma profundo: dulce, floral, complejo. No es un aroma "ligero" — es uno que llena la habitación y se queda.
Si nunca has probado la rosa, te invito a que lo hagas hoy. Aunque sea oliendo el frasco. Es un aceite que invita a respirar más despacio.
Si la rosa te queda lejos (entendible, es uno de los aceites más exquisitos), una alternativa cercana y mucho más accesible es el Geranio. Comparte muchas propiedades emocionales con la rosa — equilibrio, calma, conexión con lo femenino — y por eso a veces se le llama "la rosa de los pobres". Ese nombre no le hace justicia: el geranio es maravilloso por sí solo.
Una mezcla para cuando puedas
Una propuesta concreta y simple. Un roller que puedes prepararte (o pedir que te lo preparen) con lo que ya tengas en casa o en tu botiquín:
- 10 ml de aceite vegetal portador (jojoba o almendra dulce)
- 3 gotas de lavanda — para soltar la tensión del día
- 2 gotas de incienso (frankincense) — para volver a ti
- 1 gota de rosa o geranio — para abrazar tu lado femenino
- 1 gota de naranja dulce — para una nota luminosa (sin fototoxicidad, segura de día)
Aplícatelo en el cuello, las muñecas, la zona del pecho. Cierra los ojos. Respira. Cinco minutos.
Es un acto pequeño. Pero es un acto.
A las que hoy no es un día fácil
Y un pensamiento para quienes este día les duele: las madres que han perdido un hijo, las hijas que han perdido a su madre, las que no pudieron tener hijos cuando los querían, las que viven una maternidad complicada o silenciada.
Para todas vosotras también es Día de la Madre. La memoria, la espera y el amor también son formas de cuidar.
Gracias
Por sostener. Por estar. Por equivocarte y volver a intentarlo. Por darlo todo aunque nadie te lo agradezca como mereces.
Hoy, gracias.
Y también: descansa, reina.
Si conoces a una mujer que sostiene, comparte con ella este texto. A veces lo único que necesitamos es que alguien lo nombre.