Las tres formas en que uso mis aceites
CĂłmo encajan los aceites en mi vida real
Cuando empecĂ© pensaba que necesitaba montarme un ritual entero: difusor por la mañana, roll-on a media tarde, inhalaciĂłn antes de dormir. Me durĂł dos semanas. Lo que sĂ me ha durado son tres gestos muy sencillos, de esos que salen solos porque encajan en lo que ya hacĂa.
1. El difusor cuando llego a casa
Es el más fijo de los tres. Entro por la puerta, dejo las cosas, enciendo el difusor con geranio y el salĂłn cambia. Huele bien y yo bajo una marcha sin darme cuenta. Si un dĂa se me olvida, no pasa nada. Y si lo hago, se nota: hasta quien vive conmigo lo dice al entrar.
2. Una gota de pomelo en el suelo de la ducha
Este lo descubrĂ por casualidad. Dejo caer una gota de pomelo en la bandeja mientras el agua calienta, y el vapor lo sube todo. Dos minutos despuĂ©s estoy dentro respirando ese olor a cĂtrico y empiezo el dĂa de otra manera. Lo uso sobre todo las mañanas en que me cuesta arrancar. No mancha, no hay que recoger nada y no necesitas comprar nada más.
3. Una gota en la muñeca cuando el dĂa viene largo
AquĂ vuelvo al geranio, esta vez con un poco de aceite de coco fraccionado. Nada de precisiĂłn: una gota, la froto entre las manos y me la paso por la parte de dentro de la muñeca. Me dura horas ahĂ y, cuando el dĂa aprieta, acerco la muñeca y respiro hondo. Es discreto, va conmigo a todas partes y nadie se entera.
El difusor al llegar, la ducha cuando me cuesta arrancar y la muñeca cuando lo necesito. Eso es todo. No los hago siempre ni llevo la cuenta, y creo que justo por eso siguen conmigo meses después.