Lo que le diría a la niña que fui

Estos días muchas me habéis escrito por aquel post... ese de "¿por qué se ve tan fuerte?". Me habéis contado vuestras historias, vuestras heridas, esas que no se ven. Y me he emocionado leyéndoos.

Porque todas cargamos con cosas. Seguimos adelante, sacamos la casa, el trabajo, a los peques... y por dentro, a veces, estamos agotadas. Nos exigimos muchísimo. Nos hablamos fatal. Nos decimos cosas que jamás le diríamos a una amiga.

Y he aprendido algo: la que más necesita que le hablemos con cariño no es la mujer de ahora. Es la niña que fuimos. Esa que quizá no escuchó suficientes veces "lo estás haciendo bien" o "te quiero tal y como eres".

Por eso hoy no te traigo una receta ni una mezcla. Te traigo un pequeño ritual que hago yo cuando el día pesa.

Mi ritual de los días difíciles

No necesitas nada especial. Solo dos minutos y un aroma que te reconforte. Yo uso lavanda, o a veces incienso, ese que me envuelve y me hace sentir en calma.

  1. Ponte una gota de tu aceite en las muñecas y júntalas cerca del pecho.
  2. Cierra los ojos y respira hondo tres veces. Que el aroma te lleve a un lugar tranquilo.
  3. Imagínate a ti misma de pequeña. Y dile lo que necesitaba oír: "lo hiciste lo mejor que supiste", "estoy orgullosa de ti", "ya no estás sola".
  4. Quédate ahí un momento. Y al abrir los ojos, sigue con tu día un poquito más ligera.

Ese gesto de parar, oler y hablarte bien cambia algo por dentro. El aroma se convierte en el ancla: con el tiempo, solo con olerlo, tu cuerpo ya sabe que es momento de tratarte con ternura.

Por qué el aroma

Los olores van directos a la parte del cerebro donde viven las emociones y los recuerdos. Por eso un aroma te puede transportar a la cocina de tu abuela en un segundo. Usar siempre el mismo aceite en tu ritual hace que tu mente asocie ese aroma con la calma. Es tu botón de pausa.

Si no sabes qué aroma va contigo, te dejo mi diagnóstico gratuito: en un minuto te oriento según cómo te sientes. Y para descubrir qué aceite acompaña cada emoción, échale un ojo a mi rueda de las emociones.

Hoy, aunque sea un momento, háblate bien. Esa niña que fuiste se lo merece. Y la mujer que eres, también. 🤍