Mi primer botiquín de aceites: los imprescindibles

Por dónde empiezo cuando no sé qué aceites tener en casa

Hace años, cuando me metí en esto, tenía el sofá lleno de botellas y no sabía cuál usar cada mañana. Acabé usando siempre los mismos tres. Así que te ahorro el viaje: estos son los aceites que yo elegiría si tuviera que empezar de cero, sin abrumarme.

Los cinco que nunca me faltan

Melaleuca. Es mi comodín. En casa, cuando algo pide atención, la melaleuca está ahí. Diluida en un poco de aceite de coco fraccionado, la uso en la piel cuando la necesita; en difusor, purifica el ambiente. Es versátil sin ser complicada. No me falta en ninguna casa.

Eucalipto. Ese que clarifica la cabeza cuando la tienes confusa. Lo difundo en días de mucho trabajo, cuando me cuesta arrancar. Fresco, limpio, sin ruido. Y si después vengo reventada, unos gotitas diluidas en un masajito en sienes y cuello me ponen en su sitio.

Ylang ylang. Porque sola no es suficiente. Ylang ylang cuando necesito bajar una marcha, cuando el día ha sido de esos que no paras. En difusor llena la casa de algo cálido y envolvente. Huele diferente a todo lo demás, y eso mola.

Bergamota. Cítrico que te espabila sin ser agresivo. Lo difundo por las mañanas cuando no termino de despertar. En difusor es perfecto: luminoso, alegre. Y aquí viene lo importante: como es fotosensible, no me la pongo en la piel si voy a estar fuera a la luz del sol. Eso es todo. En difusor, sin límite.

Melaleuca, otra vez. Vale, cuento melaleuca dos veces porque si tengo que quedarme con una de verdad, es esa. Es el aceite que te saca de apuros en cualquier momento. La que funciona cuando no sabes qué hacer.

¿Y eso es todo?

Sí. Con estos cinco, tiras todo el año. Con el tiempo dirás "oye, quiero algo más especial" y añadirás otro. Pero estos no sobran nunca. Y aquí viene lo bueno: no necesitas difusor para los que te cuento. Los difundes en uno si lo tienes, pero en una habitación pequeña, con la puerta abierta, funcionan también sin él, con vapores que se reparten. O diluidos, en la piel. O respiras directamente del frasco.

Un botiquín de aceites no son cien botellas. Son los que de verdad necesitas, los que cada semana salen de tu estantería. Estos son los míos.